Vacunación en África

Una de las muchas lecciones que nos ha dejado la actual pandemia del SARS-CoV-2 son los terribles desequilibrios que existen entre el primer y el tercer mundo. Tampoco es que hiciera falta pasar por una pandemia global para evidenciarlos, pero cuando la coyuntura aprieta, las costuras se hacen más visibles.

Uno de los ejemplos es el diferente acceso a las vacunas por parte del tercer mundo y especialmente en África donde, a día de hoy, tan solo el 7% de la población ha sido vacunada con la doble dosis. A este ritmo se tardarían tres años en alcanzar la inmunidad de grupo.

La falta de financiación, el desabastecimiento de la vacuna producido por la voracidad de los países más ricos, los pobres sistemas de salud de sus países, la falta de infraestructura sanitaria o el desinterés de sus ciudadanos (no olvidemos que áfrica ha sido menos golpeado por la Covid, al menos en datos) son el grueso del problema. Desde Europa y Estados Unidos se insta a que la vacunación en estos países se incremente hasta conseguir una vacunación más solvente y planes como el COVAX se orientan a ello.

Desde la aparición de la variante Ómicron, la argumentación desde los países del hemisferio norte ha sido que una población alta como la del continente africano unida a una exposición al virus con la mayoría de sus ciudadanos sin vacunar va a ser un foco continuo de aparición de mutaciones y variantes. Es decir, vacunemos a África para protegernos a nosotros. En palabras del expresidente del gobierno Felipe González, el donar vacunas o intentar eliminar patentes para un mejor acceso de los africanos a las vacunas sería un acto de “egoísmo inteligente”. Egoísmo, aun con etiquetas bonitas, sigue siendo egoísmo, y quizá algo de eso estén percibiendo los países del hemisferio sur. Que solo nos volvemos a ellos para interesarnos por su sanidad cuando es por nuestro bien. “Vacúnate que, si no, no voy a poder acabar con la pandemia que me preocupa”.

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Tres de los países con peores datos en cuanto a la vacunación en África son: República Democrática del Congo, Burundi y Chad.

Solo unos datos para poner en contexto la situación:

La esperanza de vida de los tres países respectivamente es: 61, 60 y 53 años respectivamente. Nosotros consideramos población de riesgo a los mayores de 75 años. No tienen prácticamente ancianos.

La República Democrática del Congo es zona de frecuentes focos del virus Ébola. No olvidemos que es un virus con una tasa de letalidad del ¡40%! El del SARS-CoV-2 ronda el 2%. De Covid-19 se han contabilizado unas 1100 muertes durante toda la pandemia en este país. En Rep. Dem. del Congo, solo de neumonía, notificaron en el mismo periodo unas 140000.

Burundi es el primer país en el ranking del Índice Global del Hambre. El peor país del mundo para nacer y tener una nutrición adecuada. Tiene 38 casos diagnosticados de muertes por Covid-19 y tan solo por enfermedad diarreica ya cuenta con casi 20000 defunciones durante la pandemia.

Chad compite seriamente con Burundi en ser el país con más casos de inanición. Es el quinto país en el ranking. 181 decesos por Covid-19. Tan solo por motivos de malnutrición murieron unas 9000 personas en el mismo intervalo de pandemia.

Los tres países centroafricanos se encuentran inmersos en las consecuencias derivadas de sus respectivas guerras civiles. Guerras cruentas e inacabables que aparecen, se recrudecen, parece que cesan, pero nunca se acaban.

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El país africano más golpeado por la Covid-19 es Sudáfrica con casi 90000 muertes (similar a España aunque con 13 millones más de población) y, aun así, murieron más personas por SIDA con más de 200000 casos.

Poniéndonos en la piel de un ciudadano de estos países podemos comprender que es más que probable que poder alcanzar la inmunidad de grupo no sea una de sus mayores preocupaciones. Son poblaciones tan acostumbradas a las penurias y a la muerte que estar preocupados por una enfermedad, por qué no decirlo, bastante benévola en comparación con el resto de afecciones que les aquejan, que para ellos la Covid-19 es una fiebre más de su larga lista de sus posibles afecciones.

Haciendo un ejercicio de empatía, quizá, estén más ocupados en poder clorar sus aguas de consumo, desarrollar programas para abastecer a sus poblaciones de alimento o pacificar sus territorios. Y es de entender.

 

 

David Rivas Cobos
Número de colegiación farmacéutica 18942

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