Retorno Venoso. Pesadez de piernas (II)

En la anterior entrega («Retorno Venoso. Pesadez de piernas (I)»), hablamos de la insuficiencia venosa y sus causas. Hoy daremos un repaso a los síntomas asociados a esta afección, cómo prevenirla y te damos unas pautas para que sigas unos hábitos saludables para ganar en calidad de vida.

Síntomas

La IVC es un problema que no desaparece con el tiempo, por lo que cuanto antes se diagnostique y se trate, mayores son las posibilidades de prevenir las complicaciones asociadas y el progreso de la enfermedad. Por eso, es importante consultar al farmacéutico o al médico si se observa alguno de estos primeros síntomas:

  • Dolor, hormigueo, pesadez y cansancio habitual en las piernas. Estas molestias pueden distinguirse de otras porque se agudizan al estar en reposo y con el calor, y por el contrario disminuyen al levantar las piernas y con el frío.
  • Hinchazón de la parte inferior de las piernas y los tobillos. Especialmente después de períodos prolongados de pie.
  • Calambres nocturnos. También se conocen como ‘síndrome de las piernas inquietas’. Pueden dificultar la conciliación del sueño y el descanso.
  • Sensación de calor, enrojecimiento, sequedad y picor constante en la piel. Se debe a que el exceso de sangre retenida provoca un aumento de la temperatura, por lo que la piel se deshidrata y origina estos efectos.
  • Arañas vasculares o telangiectasias. Son dilataciones de los capilares, a nivel superficial, que se traducen en pequeñas líneas rojizas o violetas con aspecto de telaraña. Son antiestéticas pero indoloras e inofensivas.
  • Varices reticulares. Son dilataciones de las venas de pequeño tamaño que aparecen en una zona de la piel más profunda que las telangiectasias; en la dermis reticular.
  • Varices o venas varicosas. Constituyen el signo clínico más prevalente y conocido de la IVC. Son dilataciones y alargamientos de las venas superficiales, que se producen cuando la insuficiencia venosa se prolonga en el tiempo.
  • Signos dérmicos. Alteraciones cutáneas de la piel producidas por la mala circulación: dermatitis, eccemas, hiperpigmentaciones, etc.

¿Cómo prevenir y controlar la IVC?

Actualmente no existe un tratamiento definitivo que permita recuperar totalmente el daño producido en el sistema venoso, pero existen diversos tratamientos disponibles :

  • Adopción de hábitos de vida saludables. los hábitos de vida tienen un papel fundamental en el desarrollo o prevención de IVC, y una vía para aliviarla. Hay una serie de ejercicios específicos de “higiene venosa” que favorecen la circulación de las piernas.
  • Terapia compresiva. Las medias terapéuticas son la medida fundamental para el tratamiento de la IVC, por contar con una mayor evidencia científica tanto a la hora de prevenir como a la hora de tratar la enfermedad. Su función es ejercer presión sobre las piernas para facilitar el buen funcionamiento del sistema de retorno venoso y, por lo tanto, que la sangre ascienda correctamente. Ejercen una presión decreciente desde el tobillo hasta la cintura (panty), rodilla (medias cortas), o ingle (media larga), y se clasifican en medias de compresión ligera, normal y fuerte. Es importante que las medias se coloquen antes de levantarse de la cama.
  • Terapia farmacológica. Dentro de los tratamientos farmacológicos, existen sustancias con efecto flebotónico (diosmina, oxerutina, rusco, castaño de indias, etc.), que suelen ser principios activos naturales como flavonoides, que reducen la fragilidad capilar y cuya intención es mejorar los síntomas. Pueden ser administrados de forma tópica, como geles y cremas, o bien de forma oral, como cápsulas y comprimidos. No obstante, estos tratamientos son complementarios, y en ningún caso reemplazan a la terapia compresiva.
  • Cirugía. El tratamiento mediante cirugía puede ser necesario en ciertos casos.

10 consejos para mejorar la circulación venosa y aliviar sus síntomas

Hábitos saludables y unas sencillas rutinas diarias que nos ayudarán a ganar en calidad de vida.

  1. Evita permanecer de pie, quieto o sentado largos periodos de tiempo. Cuando debas permanecer mucho tiempo sentado, mejor no cruces las piernas y utiliza un reposapiés. Tanto si se estás sentado como de pie durante largos periodos, mueve frecuentemente los pies y las piernas y da breves paseos.
  2. Piernas arriba. Para mejorar el funcionamiento de las venas y tras un tiempo sentado o de pie, túmbate y eleva las piernas por encima del nivel del corazón.
  3. Utiliza medias terapéuticas. El médico o farmacéutico valorará el grado de compresión y talla más adecuados para ti.
  4. Sigue una dieta equilibrada y baja en sal. Tanto el sobrepeso como el estreñimiento pueden afectar a la circulación. Para prevenirlos, es clave una dieta rica en fibra, frutas, verduras y cereales; así como reducir al mínimo el consumo de sal para retener menos líquidos.
  5. Hidratación, por dentro y por fuera. Bebe entre 1,5 ó 2 litros de agua diariamente, e hidrata también la epidermis con productos especializados (cremas, etc.), para mantener la piel elástica y activar la circulación sanguínea.
  6. El deporte, fundamental. Es aconsejable la práctica de ejercicio físico moderado de manera regular. La natación o caminar diariamente, incluso el baile, la gimnasia y la bici, ayudan a activar la circulación sanguínea. Y existen también rutinas de ejercicios sencillos indicados específicamente para la IVC, como los que aparecen en la imagen al final de este decálogo.
  7. Tras la jornada, activa el riego con una ducha y un masaje. Al finalizar la ducha diaria, aplica agua fría a las pantorrillas en sentido ascendente para aliviar la sensación de pesadez. También ayudan los masajes con geles fríos, desde el pie a la rodilla en sentido ascendente, para activar el retorno sanguíneo.
  8. El calzado y la ropa, mejor amplios. Las prendas de ropa muy ajustadas no son aconsejables, ya que pueden dificultar el retorno venoso desde las piernas al corazón. Y mejor usa calzado ancho y cómodo, sin un tacón excesivo.
  9. Evita el calor. Dado que las altas temperaturas favorecen la dilatación de las venas, intenta evitar las fuentes de calor dirigidas directamente a las piernas: no se debe tomar el sol en las piernas de manera prolongada, ni depilarse con cera caliente, o utilizar braseros o saunas.
  10. Consulta con el profesional sanitario. El médico o farmacéutico puede orientarte acerca de complementos alimenticios, geles para piernas cansadas y medicamentos adecuados.

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